El viernes 22 de marzo por la tarde se produjo una terrible coincidencia en el tiempo: al mismo tiempo que se producía en Moscú un ataque terrorista de gran magnitud, tuvo lugar en Bilbao un encuentro al que asistieron más de 100 personas, mayoritariamente jóvenes, y que tuvo como título: «Ramadán y Pascua, tiempo de esperanza». Hubo testimonios de personas que han sufrido la violencia, diálogo en pequeños grupos entre musulmanes y cristianos así como un tiempo de oración.
Posteriormente se compartió el Iftar (comida nocturna con la que se interrumpe el ayuno y que tiene lugar después de la puesta del sol).
Este encuentro, al que asistieron una veintena de jóvenes de Norai, concluyó con la lectura del siguiente manifiesto en favor de la paz, en la céntrica plaza de Moyua:
CONCENTRACIÓN
«JUNTOS POR LA CONVIVENCIA» (2024)
Un
año más, nuestro mensaje es de cercanía y amistad, en este período en que
celebramos el Ramadán y la Semana Santa, un tiempo valioso para nuestro camino
espiritual y para nuestra vida familiar y social.
El
creciente número de conflictos en nuestros días, que van desde combates
militares hasta enfrentamientos armados de diversa intensidad en los que
participan Estados, organizaciones criminales, bandas armadas y civiles, se ha
vuelto verdaderamente alarmante, con la amenaza de que se desencadene una
tercera guerra mundial. Las causas de estos conflictos son múltiples, algunas
antiguas, otras más recientes. Aunque una parte de nuestra familia humana sufre
gravemente los efectos devastadores del uso de estas armas en la guerra, otros
se regocijan cínicamente por el gran beneficio económico de este comercio
inmoral y mortal.
Al
mismo tiempo, nuestro encuentro fraterno de reflexión y compartir evidencia que
también poseemos personalmente inmensos recursos humanos y religiosos para
promover la paz. La condena y el rechazo de la guerra deben ser inequívocos:
toda guerra es fratricida, innecesaria, insensata y oscura. En la guerra, todos
pierden. Ninguna guerra es santa, sólo la paz es santa. Nuestras religiones se
empeñan en formar las conciencias para que respeten el valor absoluto de la
vida de cada persona y su derecho a la integridad física, a la seguridad y a
una vida digna, que contribuirá igualmente a la condena y al rechazo de la
guerra, de toda guerra y de todas las guerras. Miramos al Todopoderoso como el
Dios de la paz, la fuente de la paz, que ama de manera especial a todos
aquellos que dedican su vida al servicio de la paz, que es un don divino, pero,
al mismo tiempo, fruto del esfuerzo humano.
Como
creyentes, desde el año 2016 en nuestros encuentros «Juntos por la convivencia»
expresamos nuestro propósito de ser testigos de esperanza. Esta noche
simbolizamos la esperanza con una luz que irradia seguridad y alegría. Unámonos
para apagar el fuego del odio, la violencia y la guerra, y encendamos en su
lugar la dulce luz de la paz, aprovechando los recursos para la paz que están
presentes en nuestras ricas tradiciones humanas y religiosas. Que nuestro
compartir y las demás prácticas piadosas del Ramadán y la Semana Santa traigan
a nuestro mundo abundantes frutos de paz, esperanza y alegría.